sábado, 15 de abril de 2017

Pipo

Abres la puerta y te da la sensación que la alegría es máxima, casi la última posible o la original y desmedida como si te hubieras olvidado de él para siempre, como si tú fueras lo único que le importara en el mundo.

Imagínate que te sucede algo que afecta a tus cimientos, tu amigo del alma o tu mujer te traicionan, duele, debe doler. Inocente es aquel que no ha terminado sus días sin sufrir, el dolor es una parte de nuestra existencia, algo que curte y forma nuestras reacciones, o nuestros sentimientos. El dolor nos hace más sutiles, más desconfiados y más personas, esa realidad más compleja que un conjunto de cosas.

A veces el dolor se convierte en insufrible. La vida es como un circo de tres pistas que impide que te centres en algo y así se puede inmiscuir alterando el desarrollo de la escena o disimulando la cabriola del elefante que parecía tan calmado la ultima vez que lo miraste. Entonces recurres a cualquier cosa, simple disfraz, sucedáneo de la realidad, del bolso bueno que es su olor y que puede contener mucho más que la falsificación. Lo peor de todo es que no puedes distinguir uno de otro, la inmensa alegría de Pipo o el dolor absoluto que lleva asociada la vida misma. 

No hay comentarios: