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sábado, 26 de mayo de 2012

La revoluci'on


Ayer oí una teoría que, si no es por el interlocutor, descartaría por imposible de aplicar. Mi compañero de cena abogaba por compartir un bien preciado y limitado ahora: el trabajo.

Por una parte el escenario soñado por los sindicatos: el pleno empleo y contemplar como una  desgracia pagada entre todos no tenerlo, y de otra tratarlo como un bien escaso, poniendo al servicio de su reparto el dinero del actual desempleo.

Estamos en un tiempo en el que la ideología poco tiene que ver con la realidad y su alteración. La fuerza/impulso de nuestras ideas de juventud ya no es un motor y está agotado. La persecución de utopías, la seguridad ante un futuro de igualdad universal, la confianza en la capacidad del género humano para perseguir el desarrollo, la innovación, la generación de retos, la existencia de minorías contrarias,…. Estamos en la misma situación que viven las hormigas cuando el oso hormiguero ataca su hormiguero, no entendemos nada, algo de una dimensión diferente está pasando.

Estoy tan alejado de las afirmaciones que he oído últimamente, que achacan al actual partido en el gobierno acciones para conseguir ideológicamente lo que querían, como si la crisis fuera un invento de Zapatero; como de las que, en su momento, le achacaban a él su mera existencia.

Estoy muy de acuerdo en que cualquier solución, (por cierto, ninguna solución que pueda imaginar contempla repetir la situación de bienestar anterior), vendrá de un cambio rotundo, ya sea en el punto de vista, ya sea de un análisis tan “revolucionario” como el que plantea mi amigo.

Ahora tenemos a Hollande que actuará como contrapeso de la segura y radical Merkel. Si vas a USA verás la cantidad de obra pública en construcción que contradice 180 grados la doctrina europea. Recuerdo la defensa de Felipe González de la necesidad de déficit para el progreso. Recuerdo la última época de Solbes y la primera de Rato agarrándose al déficit cero casi como una religión ¿dos personas inteligentes pueden tener ideas contrarias y aún así no estar totalmente equivocados? ¿Alguien está equivocado? ¿Se trata de darle la vuelta a la vara que controla los designios de nuestra historia?

Tengo opiniones acerca del planteamiento de mi amigo. Esas opiniones se desarrollan desde la altura del barro, de ver lo que parece ser una realidad: el trabajo en un bien escaso. Y desde el barro hay dos opciones: o lo repartimos como decía mi amigo, o creamos más. Yo creo que esto último no sería tan difícil, aunque sí lento.

¿Más trabajo? En  nuestro mundo viven unos 7.000 millones de almas. Solamente una pequeña parte, ¿1.000 millones?, vivimos en crisis, con nuestro progreso, nuestro estado del bienestar y nuestras infraestructuras impagadas. Los problemas del resto de gente poco tienen que ver, están mucho más abajo en la pirámide de Maslow. Creo que le llamamos dumping social a la capacidad de trabajar con menor coste. El trabajo barato se aleja de nuestras fronteras apoyado por lo que nuestra civilización ha conseguido: “transportar los productos del trabajo a bajo coste”, la logística global.

También tengo ideas, que no opiniones, si planteamos el problema actual como la crisis de un sistema, al cual solamente encontraríamos soluciones mejorando o cambiando el sistema. Busquemos el punto de vista del oso hormiguero, cambiemos de dimensión. Devolvamos algo de protagonismo a la ideología.

 ¿Qué nos falta para que la ley física de los vasos comunicantes atraiga al resto del mundo a buscar lo que USA y Europa han conseguido y hacer más difícil el dumping social? Pues yo creo que lo mismo que nos separa de volver a tener una crisis como la actual, probablemente para los hijos de mis nietos, después de un periodo de prosperidad sin precedentes.

Con el paso del tiempo, los mercados se están haciendo cada día más globales. La discusión de si son mejores los pañales “Pampers” o los “Dodot” se ha convertido en tan universal como la de Messi-Ronaldo, MacDonald o Burguer King. L´Oreal copa el tiempo de anuncios en la TV en todo el mundo. Casi en todas partes puedes dejar tu dinero en una oficina del HSBC o del Santander. ¿Ha llegado Nestle a un nivel de dominio del mercado global como para resolver el problema del hambre en el mundo? ¿Acaso lo que llamamos mercados y las empresas que se mueven en ellos han abusado del anarquismo racional de Jefferson?

Hace poco tiempo, 25 años, en España estábamos convencidos de que era necesario acercar el poder de decisión al ciudadano. Era una reacción contraria al centralismo anterior, una necesidad de dar protagonismo a gente nueva. También necesitábamos compensar egos potentes que creían que todo era mejorable si lo hacían ellos. Todo lo que perseguíamos lo ha conseguido el progreso y no la compleja estructura administrativa que diseñamos para lograrlo. Hoy día pagamos nuestros impuestos, nos relacionamos con alguien “superior” que puede alterar nuestras vidas, vemos información de lo que pasa en todo el mundo, incluso podemos ver lo que gana Nestle y lo cerca que está de resolver el hambre en el mundo a través de una pantalla de ordenador, ¡todos! Algo ha cambiado, ¡y mucho¡

¿Sí? Pues yo creo que no.

Las estructuras administrativas que creamos en España hace 25 años son las mismas, la estructura política de USA y Europa la misma, el sistema democrático que creamos hace 300 años, no ha cambiado, a pesar de generar Hitler, Chavez, la dinastía Kirschner o la Putin. La ONU ha cambiado pero los países del mundo ¡son más! Los mercados son globales, pero el poder sigue siendo local. ¿Quién controla al HSBC, al Santander, a Johnson y Johnson,…?¿Quien le ha explicado a Nestle que su misión real ¿lo es? es resolver el hambre en el mundo?

El problema es que toda la estructura que creamos para defender nuestro mundo tiene como misión ignorar que el mundo ha cambiado, ¡sería su desaparición o cambio! Estamos ante la confusión entre el qué, nuestra propia definición (ideales, utopías, igualdad,…), con el con qué, las herramientas que usábamos para definirnos. El con qué nunca va a cambiar. Siempre se va a oponer, incluso aunque tenga que reprimir. Necesitamos gente, corrientes de opinión, indignados, tendencias,… todo puede contar si lo hace con capacidad, sin enfrentamientos, teniendo en cuenta la situación actual y que, actuando desde la globalidad, cambie la organización de nuestro mundo como realmente ha cambiado nuestro mundo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Matrix y la Política

Matrix, es una serie de películas. Sostienen que la realidad es ajena a nosotros, que es mantenida por una máquina. El ser humano no tiene ninguna posibilidad de alterarla.

Mi abogado me decía el otro día que antes te cortaban los brazos si no creías, que ahora puedes creer en lo que quieras sin que te los corten, pero que ahora somos mucho más esclavos de lo que hemos creado, de las reglas, de los impuestos, de la economía,… De cosas que nunca nos vamos a encontrar por la calle, porque no existen. 

La relación que los que gobiernan tienen con la sociedad,  se ha transformado en un mero asunto de elegir prioridades, decidir el orden en el que se hacen las cosas. Las elecciones, única relación entre nosotros y ellos, se ha convertido en un simple vaivén: si unos no lo hacen bien, ponemos a los otros y asunto arreglado. (Los unos y los otros se llaman Partido Político).

En California, país avanzado donde los haya,  dicen que intentaron huir de lo que tenían y adelantaron su Tea Party, movimiento conservador al otro extremo, con “Gobernator” hace ocho años.  Lo eligieron para cambiar la situación que tenían. Hoy, California ha vuelto exactamente al mismo sitio que entonces, estaría en bancarrota si no fuera porque es un estado de EEUU.

Me pregunto cómo podemos exportar a la Política el concepto de hacer más importante el personaje que la realidad. Cómo recuperar las utopías, las estrellas inalcanzables que antes nos iluminaban para cambiar el mundo. Buscar ideales, aunque como el cambio climático, solamente sean un camino, y no un objetivo. Debemos recuperar nuestra necesidad de describir y de buscar utopías. Tal vez eso nos haga socialmente más felices.

Tenemos que desengañarnos, no nos vale ni Zapatero ni Rajoy, ni siquiera Obama, ni el Tea Party, no nos vale solamente la Democracia, ni siquiera la Democracia social. No nos valen las verdades ciertas. Dice el periódico que parece que en California están ahora por “reiniciarse”. Tal vez encuentren a alguien capaz de inventar, de nuevo, ideales detrás de los que todos nos podamos identificar.

¡Dónde están nuestros sueños y utopías de antaño!

Matrix y la realidad

Matrix, es una serie de películas. Están basadas en que la realidad es ajena a nosotros, que es mantenida por una máquina. El ser humano no tiene ninguna posibilidad de alterarla.

He leído esta mañana un artículo magnífico en donde, como clave para la felicidad, se expone un decálogo de puntos, basados en dos: 

Que la felicidad no existe, que se es o no se es, feliz, frase casi manida por lo obvia. Y que para ser feliz es necesario separar entre el punto de vista de la escena, del día a día. Para ser feliz hay que mirar hacia arriba, a las estrellas, que deben de ponerse suficientemente lejos para que lo sean y suficientemente cerca para que podamos tocarlas.

Nos empeñamos en disponer de opiniones ciertas y objetivas de las cosas. Nuestra naturaleza parece que las necesita para poder interpretar las escenas que vivimos. 

Pero el punto de vista es algo que cambia la realidad. Incluso la física cuántica habla de la imposibilidad de ver algo sin afectar lo que es (Principio de incertidumbre de Heisemberg).

No podemos saber qué nos pasará mañana, no podemos elegir, la realidad es tozuda, como he repetido muchas veces.

Tal vez nos considerarán locos si nos encuentran mirando a las estrellas, pero no es un loco el que mira al cielo luchando contra la adversidad y grita ¿Porqué a mi?

Estoy de acuerdo. Para ser feliz es necesario mirar a las estrellas. Algo inalcanzable pero cercano, que siempre esté ahí, pero no como un concepto absoluto sino como un destino hacia donde caminar,… una utopía, un ideal.