domingo, 25 de diciembre de 2011

Paloma


La casualidad ejerce de caprichoso director de orquesta de la vida: ora un minueto de animado día a día, ora una obertura que anuncia grandes hazañas, ora un piano que acompaña la soledad, añadido un violín para un duetto como en un matrimonio, ora una sinfonía que desgarra el alma y es la vida real, como una ópera que te hace llorar.

Por mucho que planifiques o que diseñes tu vida, lo máximo que puedes encontrar son sueños que ahora se cumplen y ahora no.

Solamente algunas personas que envidias tienen la rara habilidad de ser perseverantes, de empujar siempre en la misma dirección, de poner las cosas en su sitio. Son tenaces y difícilmente los ves desfallecer. Invariablemente poseen convicciones algo más radicales que la media y gracias a ello se sienten más seguros que el resto de los mortales.

En la frontera de los sueños racionales, hay otra virtud que admiramos todos y que se manifiesta de vez en cuando en casi todos, pero que es un patrimonio del día a día de estos seres que envidias y admiras: el coraje.

Se necesita coraje para llevar a la práctica lo que uno cree. Se necesita coraje para contradecir a ese director de orquesta que es la casualidad. Aunque no lo parezca, también se necesita coraje para hacer los sueños realidad. El coraje es algo mucho mejor que la valentía, porque encima es racional y nace de las convicciones más profundas.

Yo conozco bien a alguien a quien admiro y envidio, alguien con convicciones como una roca. Alguien que es capaz de poner orden en el caos. Alguien que tiene un coraje a prueba de una explosión termonuclear.

¡Suerte que juega en mi equipo! 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Será que es Navidad


A veces, sumergido entre las miradas de personas anónimas, descubres otras realidades fuera de lugar. En el tren que me lleva a la terminal internacional de la T4 de Barajas va un matrimonio mayor con su hijo. El matrimonio, que nunca antes ha viajado en avión, se empeña en entender la experiencia de pasar la aduana, o de empezar el viaje por tren; esa mirada perdida es de compartir.
Y volver a oír en los cascos “...en teníam prou amb tres frases fetas,...”. Una situación ya pasada, descubierta por Joan Manuel Serrat; y compartir una canción, “Paraules d´amor”, que provoca una sensación parecida a la mirada anterior.
El niño llora con el llanto que dicta su cuerpo, sin justificación, ajeno a los sentimientos, y a los cambios que marcarán toda su vida teniendo en cuenta solamente el frío, el calor, el ruido, la comodidad, el hambre, la necesidad. Y te preguntas qué hace un niño cuando se encuentra con la realidad sin ninguna capacidad de sorpresa, entendiendo, sintiendo o aceptando el rosa, el azul, o simplemente la seguridad del mundo que le rodea: comida, cariño, calor,... El mundo es relativo; sensaciones casi inconscientes. 

Y demos gracias que todo es así o ni siquiera durante un instante podríamos vivir como vacas en un prado con la única necesidad de comer pasto y quizás disfrutando del verde, del sonido del campo, de la paz y el cielo azul. ¡Y qué hacen los héroes modernos!
Al final recuerdas el sonido del carro de bueyes mezclado con las campanas de la iglesia que te despiertan entre cosas familiares. Y cuando estuviste a punto de prometer las estrellas. Y cuando rozaste sus manos, y cuando contribuiste a generar una conversación sin final, una relación que al final es tu vida. Y la música sonando en los cascos actuando de aislante haciéndote escribir. Y la sonrisa de la chica que de repente te cambia de avión y te concede entrar en el paraíso durante unas cuantas horas, camino de casa. 
Las esperanzas se crean, se construyen y forman la realidad. Las desesperanzas no la destruyen, sino que la sustituyen. No vale la pena sospechar y sí vale la pena soñar, que cualquier deseo crea un universo. ¡Ay los sueños!
Y lees en el periódico la experiencia de los que han decidido emigrar porque es lo mejor, pero resulta que lees solamente un deseo, y tú que ya estas, no te reconoces. Muchos años atrás eras pequeño y las cosas tampoco estuvieron bien, eran peores que ahora y mi papá jugaba con folletos de Australia, la tierra prometida; y tus recuerdos se convierten en profecías lejanas.
Y no puedes medir cuánto falta para llegar a casa y descubres la única realidad que se vuelve deseada, por la distancia, por lo complicado y complejo, que se forma con muchos registros derivados de muchas personalidades, caracteres, necesidades o colores: tus hijos. Solamente eso importa: en dónde está tu casa, en donde sabes que puedes refugiarte si las cosas van mal, en Australia, en Costa Rica o en cualquier lugar del mundo. Y volver a vivir gracias a tus hijos. Y seguir viviendo gracias a tu refugio, tu casa, tu hogar, esté en donde esté; ¿comida, cariño, calor?
¡Dios, que pasajera es la felicidad!, difícil de mantener, de sentir. Esquiva y disfrazada de sufrimiento y de momentos encontrados. ¿Dónde está el poeta descubridor de sueños, de realidades alternativas? El arte mezclado con la realidad; el derecho a moldear lo ajeno, solo parecido; solo lo transitorio. 
No te atrevas a protestar y a decir que algo no está bien, y que no compartes. Se trata de tomar lo que pasa por delante, de convertir el mundo en el tuyo. 
¡Que fácil es volcar ideas! ¡Qué difícil es transmitirlas! Tal vez la capacidad de hacerlo hay que tenerla, pero las alforjas están ahí como una batería acumulada de sensaciones, una vida rica, que bien vale un marco para otros que tú no encuentras, pero que para ti justifica tu existencia.
Viva el agradecimiento. Millones de momentos que crean tu vida, que la hacen fácil, que la provocan. 
¿Qué haría yo sin ti? ¿Será que es Navidad?

martes, 22 de noviembre de 2011


Ojalá

Allende los mares es todavía momento de subirse a un avión e irse a trabajar, aunque España haya puesto las cosas en su sitio, parece. Nuestros políticos que lo han hecho mal, muy mal, han sido no solamente apartados, sino además castigados.

Mi cabeza parece un torbellino de ideas contrapuestas que parecen tener que parar de girar antes de ser analizadas. ¡Que un 72% de participación¡ ¡Que volvemos a lo mismo de siempre en el País Vasco y Cataluña! ¡Que hemos conseguido un éxito por obtener más votos! ¡Que 300 mil votos dan el doble de diputados que 1 millón!

De adolescente todo era mucho más claro. La democracia era el Shangrillah, le explicación de nuestra desgraciada historia, y a la vez la esperanza de transformarla y cambiar la realidad, de dejar de ser “different”. Luchamos y lo hicimos, parecía imposible pero pasaron 25 años y ya no éramos “different”.

Mis hijos me miraban con sorpresa al oírme decir que esta es la primera votación en la que no he participado por primera vez en mi vida, y mi convencimiento de que el único buen resultado hubiera sido una participación del 10%, pero no un 72%.

En cualquier área de la vida consideraríamos como malo algo que no ha sufrido ninguna evolución, ninguna modificación en 200 años, pero este no es el caso de nuestro sistema político. Ni una sola crítica. Un 72% de participación demuestra que nuestros políticos son necesarios, que la sociedad no puede vivir sin ellos.

Mientras yo le digo a mi gente que no espere que nadie le resuelva los problemas, que lo individual y lo meritorio debe volver a valer lo que valía, resulta que vamos masivamente a las urnas y elegimos a alguien que por dos veces nos pareció que no podía resolver nuestros problemas. ¿Qué ha cambiado? ¿Ahora es diferente? ¿Ha encontrado la varita mágica que otros dirigentes mundiales no?

Más bien ha sido la historia la que ha cambiado 180 grados solamente porque algo debe cambiar. ¡Cambio!, que fácil es apelar a esto, pero que vacío resulta cuando el cambio se mide contra algo efímero. Apelar al cambio debería estar prohibido en las campañas electorales a menos que el cambio fuera para dar la vuelta a algo que durara más que la escala política (4 u 8 años).

¿Y qué va a pasar ahora? Ojalá yo esté completamente equivocado, ojalá este nuevo/viejo señor desde su silencio, esperemos que sea prudencia en lugar de indecisión, pueda encontrar una forma en la que nuestro país no necesite nadar para respirar como los escualos. Tal vez encuentre un supermercado en donde se pueda comprar dinero como dicen mis hijos pequeños cuando describen un cajero automático, sin tener que ir a una subasta en donde a nosotros nos cueste 5 veces lo que a un alemán. Ojalá que se resuelva el nudo gordiano de si debemos correr hacia delante o correr hacia atrás para corregir los excesos que hemos cometido en los últimos años. Ojalá que el mundo que disfruten nuestros hijos sea mejor que el que nos condena a vivir el integrismo económico imperante al que nos condenan nuestros políticos.

De repente ese señor tan callado será capaz de hacer cosas realmente diferentes, cambiar Europa para que asuma nuestras funciones de país: hacer nuestras leyes, en lugar de “transponerlas”. En lugar de hacer un fondo de bonos, tener un solo ministro de economía. Reducir el entramado político, reducir el estado para gastar menos. ¿Le interesará hacer algo de esto? ¡Cuidado con la selección española de futbol , esto si debe seguir siendo nuestro!

Y mientras tanto, el refugio de la gente cuando algo no sale bien es volver a las raíces, a confiar en alguien de los nuestros, o CIU o AMAIUR que gobernará con el PNV. En lugar de más grandes, más concentrados. ¿Estaré equivocado?

domingo, 14 de agosto de 2011

Amanecer


No sé porqué, pero a mi cabeza llegan las imágenes de viejas películas en blanco y negro, sepia tal vez, en donde varias personas aguantan la cola de un avión antiguo, azotados por el aire de la hélice, sujetándolo por la cola antes de soltarlo a la magia de volar.

Al salir del aeropuerto, a la izquierda, se ve una luna llena dos palmos por encima del horizonte, iluminando con luz fantasmal todo el paisaje llano. A la derecha, el horizonte empieza a clarear adivinando una poderosa fuerza, invisible todavía, que acabará iluminándolo todo. Y cuando pasas el puerto de Navacerrada entiendes la magia de volar por encima de los pinos. No puedes hacer otra cosa que bajar la ventanilla del coche para sentir que estás allá donde tus ojos te están trasladando.

A la derecha, la bola del mundo con sus dos cohetes rojo y blanco como los de Tintín, en “Viaje a la luna”. Si miras por debajo de las copas de los árboles, ves el suelo color pinaza y el verde de los helechos y un poco por encima del suelo infinitas líneas rectas color pino hasta que el horizonte las hace parecer un fondo pintado, en donde no hay nada más que troncos y líneas, ningún resquicio.

Y si miras por encima de las copas, porque estás arriba, como volando, ves las copas verde oscuro de los pinos como un tapiz fino puesto por un gigante para suavizar los valles y montañas, perfil brusco que se adivina por lo lejano, debajo del tapiz.

Y ahora sí, a la derecha, el sol entre amarillo y rojo, trepa por encima del horizonte, y las nubes que se ven como algodones en las zonas de sombra y casi del mismo color que el sol del amanecer que las está disolviendo.

Y el ruido del viento en la cara, adornado con el ritmo del paso de los quitamiedos moviéndose en el borde de la carretera. Y el olor a resina, a helecho verde, a fresco del verde oscuro del tapiz, añadido a la claridad de un amanecer demasiado reciente para estar caliente.

Y después de las Siete Revueltas, en el puente de los Mosquitos ya estás dentro del paisaje, más fresco aún. Los arboles se han convertido sobre todo en troncos color tronco de pino de Valsaín, y siguen siendo rectos, hacia arriba, pero ahora se ven anchos y fuertes. Se ve que no son paralelos y uno los adivina inclinados por el peso de la nieve en invierno, generando más fresco todavía, a pesar del verano.

Ya no se ve el tapiz de las copas, pero el arroyo del agua y el verde del helecho no consiguen ganarle la batalla al color de la pinaza y al de los troncos.

El túnel vegetal final de hojas haciendo una bóveda por donde pasa la carretera anuncia el final del viaje al atravesar las puertas y ver al fondo el palacio entendiendo su porqué, sabiendo a ciencia cierta porqué no se construyó en otro sitio que el de La Granja de San Ildefonso.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Dos errores


Cuando esto empezó, es decir, cuando las cosas empezaron a ir mal, o cuando nos dimos cuenta de lo grave que era el problema económico y lo mucho que nos iba a afectar individualmente, yo escribía que tal vez lo único mínimamente positivo era el cambio que íbamos a generar.

También criticaba a la juventud que estaba tan acomodada que no hacía absolutamente nada por mejorar ni cambiar. Consecuencia de la civilización que les estábamos entregando: algodones, ninguna necesidad. No se la merecían por no haber hecho nada para ganarla, ni por no merecerla como estaba.

En mi inocencia pensaba que algo iba a cambiar. No podía ser que el control de las cosas siguiera siendo local de los países y que las empresas cada vez más fueran globales, escapando a cualquier posible control.

El mundo, pensaba entonces, cambiaría estas cosas básicas, el orgullo de los países se iba a concentrar en el deporte, por ejemplo, y la economía empezaría a desempeñar el papel de vasos comunicantes, independiente de los políticos, que este mundo necesita para conseguir más igualdad y, curiosamente gracias a eso, mucho más progreso.

Pero ninguna de las dos cosas era verdad. Los mercados o la economía, obviamente con carácter global, es mucho más poderosa que los políticos y sus locales centros de poder. Estos se aferran a soluciones triviales que mantienen la economía del mercado y, de paso o tal vez por eso, su poder local. “Creemos una deuda europea, unamos esfuerzos todos los países, tengamos un ministro de economía único, creemos controles para que todos los países lo hagan igual”, dicen.

Blanca y en botella: ¿qué es España o Francia o Italia o Grecia o…? Pero si la solución es evidente: se trata de crear una estructura única de decisiones, sin las múltiples organizaciones repetidas que acaban haciendo lo mismo! ¿Porqué nuestros (españoles) y todos los políticos (en el mundo) no empiezan a pensar que el sistema que los ha elegido puede ser mejorado después de más de 200 años de no tocarlo? La respuesta es evidente. Es imposible que ellos lo hagan. Obviamente ni hablar de ningún partido político.

Mi madre me decía el otro día la vergüenza que le daba que los indignados acamparan en la Plaza Cataluña, ¡como la han dejado!, comentaba indignada.

No soy muy partidario de cambiar cosas por la fuerza ni nada que se le parezca. Me hacía reír el movimiento anti-globalización por absurdo. Me producía admiración los resultados de la revolución verde como forma calculada de generar nuevos negocios y encima mejorar el mundo.

No soy capaz de juzgar cómo funciona un movimiento que no entiendo. Pero me produce una cierta simpatía que la juventud, quiero pensar que son ellos, no acepte la sociedad que les estamos entregando. Probablemente sea la única forma de cambiar algo, ya que el colapso que nos ha sacudido y nos está sacudiendo no ha hecho nada para cambiar nada.  

sábado, 23 de julio de 2011

Puro teatro


Entre algodones. Creces con tu familia. Solo ves tu mundo, eres parte de algo, no eres nada aún. Ni idea.
ilusiones, retos individuales, amor, entusiasmo, alegría, decepción, colores, amigos, curiosidad, luces. Encuentras el fin del mundo. Y te asomas para verlo y te gusta lo que ves, lo que puedes hacer, todo a tu alcance. Aprendes, casi absorbes, te rompes probando. Olor a nuevo. Se forman los ideales.
Sales por la puerta y a codazos te haces sitio, ya todos miran. Sombras, amor de nuevo, más ilusión, ya sabes de que va, pero no sabes porqué. No puedes verlo desde lejos, no eres un espectador en la vida. Dependes de lo que te digan: alabanzas, críticas. Nada pasa si no se ve. Ya sabes que algo no podrás hacerlo. Recuerdos, lugares. Día a día, verso a verso, como decía el poeta. Y el cine, la música y los libros, llenos por alguien que ha podido comprender que incluso puede explicarlo. Te encuentras al mundo tozudo, al que le importas un carajo. Sudor, esfuerzo, ganas, voluntad, compañía, miedo. ¡Que duro es vivir!¡Qué fácil es no mirar, imaginar! y ¡qué falso! Se destruyen los ideales.
Experiencia, más amor, gratitud, tu familia ya es tu culpa, paz y sosiego,… a veces. Cansancio. Más miedo, el horizonte sirve para mirar. Deberías ser capaz de disfrutarlo. Ya sabes que todo era como la ventana de un tren en marcha. Volar, disfrutar, caer, sufrir, querer y, si puedes, crear. Nunca solo, sino no existes, más amor. Se entienden los ideales.

Algo debe quedar.

miércoles, 20 de julio de 2011

Euforia


Todos los días uno se sienta delante del ordenador por la mañana esperanzado por que lleguen buenas noticias. Después de ver el correo,  uno se da cuenta de que, al otro lado, el mundo sigue su curso y está poco interesado en salpicar tu vida de novedades. A lo sumo, algún detalle que empeora los pensamientos de antes de ir a dormir.

Cuando ves a tu equipo de fútbol ganar algo, alegría desbordante, compras sus sensaciones y piensas que han hecho algo grande, que a poco que hubiera ayudado el correo tu podrías correr y saltar como ellos.

Si miramos la celebración de un equipo de fútbol, o la mirada entre satisfecha y decepcionada del saltador de trampolín al que le han dado la medalla de bronce, O si miramos al equipo alevín del Torrelodones que acaba de ganar la liguilla de ascenso. O al equipo de Rugby de tu hijo después de ganar a su rival por primera vez.

Pero mucho más cerca, cuando el correo trae buenas noticias o cuando sientes que nadie más podría haberlo hecho como lo has hecho, o cuando has hecho dos cosas bien en el día que te parecen buenas y te llevan hasta el día siguiente para repetir la historia…

La euforia es fácil de entender. Sin embargo, ¿de verdad que todo es lo mismo? Yo creo que la sensación de paz que uno tiene cuando la euforia viene de dentro no es lo mismo. Esa sensación de levantar la comisura de los labios, esbozar una pequeña sonrisa y cerrar los ojos, no es comparable con nada.

domingo, 17 de julio de 2011

¿Que haces papá?

Si uno se pone a pensar, es difícil explicarle a sus hijos el trabajo de logístico. A fin de cuentas lo importante de la leche es que sea blanca y en botella, que tenga buen sabor y sobre todo que esté en donde se espera: en las estanterías de los supermercados en donde la compra mamá. ¿Como es posible que pueda costarle a mamá alrededor de un euro un litro de leche? En la última película que vimos en familia, sacar leche era muy fácil: bastaba con una vaca, un taburete, un cubo de madera y unas manos, ¡casi gratis!

Los que trabajamos en logística somos los culpables de que la leche no sea en botella, y que cueste muchísimo más que la que se podría comprar en la granja en donde se ordeña la vaca.

La industria de la leche es capaz de visitar a las vacas a sus granjas para concentrar la leche, asegurarse de que sea bien blanca, con todas las garantías sanitarias y de calidad, con buen sabor. Los fabricantes de leche, no las vacas, usan el tetra-brick porque es muchísimo más fácil de manejar que la botella, porque pesa mucho menos, contamina menos y porque es mucho más barato que una botella de cristal.

Los fabricantes tienen almacenes. Alguien ha tenido que decidir el lugar en los que se construyen, si cerca de las vacas o cerca de los que beben leche. El tamaño de los almacenes depende de muchas cosas, aunque las vacas producen leche todos los días y los hombres, caprichosamente, también se la beben. No sé si no están seguros de cualquiera de las dos cosas, pero no se arriesgan y guardan leche,… por si acaso.

A veces una cadena de supermercados le baja el precio a la leche que vende y todas las mamás van a comprar a ese supermercado casi toda la leche que les cabe en el armario de la cocina. Los fabricantes tienen que mandarle más leche a este supermercado, igual que a los otros,… con las mismas vacas. Otras veces no les cabe más leche en los almacenes de los fabricantes, bajan el precio,… al armario de la cocina.

La leche tiene que ir desde los almacenes del fabricante a los de los supermercados, se necesitan camiones para transportarla. Los camiones son un número limitado, por lo que es necesario competir con los que transportan fresas, por ejemplo, o cartón o cualquier otra cosa. A veces tienes vacas, tienes leche y tienes clientes que te la comprarán para que tu mamá pueda ir al supermercado, pero no tienes camiones para llevarla.

Los supermercados no están seguros, no saben cuanta leche comprará mañana mi mamá o si el fabricante le servirá la leche que ha pedido, pero guarda leche,… por si acaso.

El fabricante ha usado pallets de madera para poner 52 cajas de 12 litros de leche y así la lleva al almacén del supermercado. Pero el almacén del supermercado tiene que enviar a sus tiendas cajas de cartón porque en las tiendas no cabe un pallet. Entonces el almacén del supermercado tiene que contratar gente para mover las cajas desde los pallets a los carros con ruedas, que es lo que usan los supermercados para llevar la leche a los lineales en donde la va a buscar mamá.

Entonces llegan los buenos tiempos de la economía y hasta los que no tenían dinero se han comprado una casa y un coche, y no tenemos a nadie en España que quiera mover cajas de leche desde los pallets a los carros. Entonces tenemos que ir al extranjero a contratar a gente que lo haga. ¡Menos mal que en España tenemos uvas como melones y vienen!

En cualquier caso tenemos que diseñar un ambiente de trabajo adecuado en el almacén para que ese trabajo no sea tan pesado, para que no se equivoquen y sirvan 10 en lugar de 9, para que respetemos la caducidad de la leche, para que no la dejemos estropear,…

A veces mamá va a comprar leche a la tienda de la esquina. Ayer mi hermano invitó a sus amigos a casa y se acabó la leche que teníamos. En la tienda de la esquina vive el Señor Domingo, muy simpático, siempre me regala caramelos, siempre ha vivido allí. Es una tienda muy pequeña y tiene muy poca leche que le trae un camión todos los días.

El camión tiene que aparcar y pelearse con todos para llevarle los litros de leche que necesita el Señor Domingo: rutas de reparto, choferes, camiones pequeños, preparación de unidades, pedidos que no siempre son completos, devoluciones,… 


Claro, la pregunta no era tan sencilla de contestar. Explicar porqué los departamentos de logística, no se sabe cómo, casi siempre hacen su trabajo, y mamá siempre encuentra la leche en el súper. Pero porqué papá no llega cuando los niños acaban el colegio, ¿porqué siempre te castigan después de clase, papi?

Y esto a pesar de que todo el mundo sabe que para tener leche basta una vaca, un taburete, un cubo y unas manos, ¡es casi gratis! ¡blanco y en botella! ¿Estaremos haciendo bien nuestro trabajo?

lunes, 4 de julio de 2011

Travieso o estúpido costumbrista


¡Barajas! ¡Hemos llegado!  Carreteras de tres carriles y más, sin agujeros, tráfico. 
Llamadas de teléfono que no se cortan. Un hotel NH, todo en su sitio. Calles, direcciones, alternativas. Casi derramas unas lágrimas con el tacto y el sabor de una lubina a la sal, con salsa tártara y Verdejo. Aparcamientos en la calle, la ORA, autobuses tráfico, sueño: jet lag.

Madrid, La Castellana, ancha y limpia, solo por placer es bueno cruzarla. Luz, luminosa, intensa, deslumbrante.

Camino de San Sebastián: autopistas, peajes justos. El  paisaje se hace verde, los caseríos, las ovejas en la pradera verde empinada, no más calor. Cultivos ordenados, radares. ¡Qué bonito es España, Antolín! que el tour empieza hoy.

Desde Igueldo, La Concha, Ondarreta, ordenado, limpio, el mar, la arena. El besugo del puerto ya no me hace derramar lágrimas, pero me hace repetir. Gente por la calle, aceras, sonrisas, pendientes, mujeres arregladas, gran clase, sonrisas, punkies, gente por la calle. Idiomas extranjeros, francés, francés, inglés, euskera. Una simple caña, ¡vida!

Y de vuelta, el verde se hace dorado y las montañas se convierten en praderas, luego en llanuras doradas. Túneles, radares, peajes,,…

La Granja, por fin, pero calor, familia. Solo huevos fritos y patatas fritas, solo frambuesas. Alguien bajando a pié por Navacerrada sin camisa pero con cascos, ¿qué música oye? Yo la del coche, pero bajando la ventana el aire hace ruido y huele: la música.

Y de nuevo Madrid, y la Castellana y Barajas. Limpio, ordenado. ¡Gente! ¡Vida! Y el viaje a Barcelona, cuando llegas al aeropuerto, y el taxi esperando: amplio, aire acondicionado, limpio. En Barcelona algunas casas construidas solamente por el placer de algo elegante, sin necesidad y los chaflanes de las esquinas, y el tráfico respetando os carriles…