viernes, 23 de noviembre de 2018

Carraspeando

Hace tiempo que ya no busco al culpable de lo que me pasa. 
Estoy en el sillón azul. Acabo de poner la quinta sinfonía de Beethoven y tengo en mis manos “El extranjero”, para leerlo. Los dos dicen lo mismo: “Hoy ha muerto mamá, ta-ra-rá, … hoy ha muerto mamá, ta-ra-rá...”. Entiendo que Camus diga que “su patrón no pareciera satisfecho”. Yo también me he encontrado con excusas similares para ganar dos, cuatro o seis días de descanso, cobrando. Si es cierto que siempre es un familiar más lejano: el abuelo, un tío con quien tenía un contacto especial. No recuerdo que una madre se muriera más de una vez.
A través de los cristales se ve caer la lluvia: un conjunto de gotas rebotan en el suelo y alguien aplaude. Otra serie de gotas llega al suelo y el aplauso se vuelve una ovación cerrada que me llega a través de los cristales y sirve de fondo a la música. El árbol que en verano se come la farola ya tiene muy pocas hojas, y hace rato que éstas no ofrecen resistencia a la lluvia inclinadas hacia abajo. Todo está gris.
La otra noche volvió el fantasma. Ella me advirtió que acabaría sólo. Me temo que será así, porque no soy yo el que pueda hacer nada para que no aparezca o se vaya. Me ha costado dos semanas recuperarme de aquello. 
Parafraseando una voz muy discutible, pero personal y clara:
“Así son las cosas, y así se las hemos contado.”

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