domingo, 13 de mayo de 2012

Viaje a adaia


La lucha es feroz: recordar la realidad o mirar la puerta de embarque para la última escala hacia adaia: “¡que si te quieres ir y dejarme da igual, vete cuando quieras!”, la puerta está en la zona B. “Tenemos que insistir en cobrar esto para poder pagar la nómina.”. La forma de hablar, el acento de las personas del bar del aeropuerto de Mallorca ya es como lo recordaba.

Una caja de ensaimada de Mallorca me trae recuerdos de un sabor.  Lástima que el olor solamente viaje en la imaginación, porque sino, ahora estaría oliendo a higueras, viento y mar, estoy cerca…

¿Porqué en Menorca la gente no siente la necesidad de vivir permanentemente buscando nuevas cosas fuera de la isla y vivir feliz?¿Cual es el secreto?  “Tal vez mi forma de mandar siempre ha sido la misma. ¡Si hubiera encontrado a alguien!” En el tablón de anuncios del aeropuerto de Palma ya se anuncia la puerta B30 para embarcar el vuelo 8482 a Mahón, Menorca.

El bullicio del puerto de Ciutadella, la calma del de Maó, el tacto de la arena de Binisafuller,… No he hecho planes todavía, solo sorpresa, dejándolo a la imaginación: no tengo ni coche ni hotel ni siquiera se lo que voy a hacer al llegar. “A las 8:00 correo y documentos, a las 9:00 llamadas, a las 10:00 reuniones,…”, ya vamos caminando hacia el avión, que ha tendido la escalerilla para subir. Los recuerdos, necesariamente aparcados y condensados en un lugar de mi cabeza empiezan a expandirse y a crecer, a ocupar un lugar de mi atención.

Recuerdo que la calma de Menorca solamente se veía afectada por la dureza del sol en agosto que te obligaba a hacer esfuerzos para ocultarte del calor y buscar cada día una hermosa cala diferente para refrescarte en el Mediterráneo. Pero ahora es primavera y el comandante ha anunciado 16 grados.

¿Y dónde encontraré el secreto? Cuando era joven no conseguí encontrarlo. Todos los días en una isla de 60 x 20 km que se puede ver entera desde Monte Toro, sin necesidad de huir cruzando el mar para buscar otras cosas, tal vez lo contrario de lo que he hecho toda mi vida.

¿Existirá el hotel Binialí? ¿Estará abierto? ¿Estarán las higueras como antes? Habrá que ir a Fornells y a adaia y al puerto y al faro y a Binisafuller, y a Macarella, y al centro y al puerto, y a Calesfonts,… ¿no sería necesario hacer un plan? ¿podré ir a todos esos lugares?

El faro se llamaba Favaritx, con las dos playas casi siempre vacías; y el viento en Cavallería, habrá que ir para ver si el mar ya ha sido capaz de hacerle algo más que cosquillas a los acantilados; supongo que Galdana seguirá siendo un sitio raro fuera de temporada, como aquella vez en primavera que fuimos toda la familia. ¡Muchos sitios para ir! No sé si seré capaz de ir a Xoroi por la noche, ¿existe la noche? Porque ahora es solamente el momento de llegar a mi apartamento en Madrid y tumbarme sin fuerzas, rendido en la cama sin apenas darme cuenta que es de noche. La injusticia que refleja la leyenda de Xoroi: lo encontraron y lo mataron porque era diferente. La crueldad inocente que tienen a veces las cosas más bonitas: la nieve que permitió encontrarle. “Lo que el viento se llevó”, nunca me había preguntado por el título de esta película, pero ahora veo que es casi inevitable que algún destino, el viento, borre y se lleve por delante una parte de nuestras vidas, sin poder hacer nada por evitarlo.

Me imagino que las estrellas que se veían desde la terraza de Doña Rosita, el apartamento que alquilamos un par de años, no habrán cambiado, y en el mes de Agosto seguirán estando. Pero quien sabe, porque el mismo pueblo en donde estaba ha cambiado de nombre, de Villa Carlos a Es Castell, tal vez se vean diferentes. Mirar las estrellas era una parte de la victoria lograda contra el sol que, ignorante de nuestros esfuerzos por derrotarlo durante el día, se retiraba para dar paso al fresco de la noche, y descubrir un negro luminoso salpicado  de estrellas de diferentes brillos. Habrá que ir a Binibeca y comprobar que el turismo puede crear algo viejo partiendo de algo, no se siquiera si existente, pueblo de pescadores.

¿Pescar? Creo recordar que es cuando estuve más cerca del secreto. Intentaba llenar el silencio con palabras, y acababa llenándolo con silencios solamente alterados con el “ha picado” y la excitación de sacar el pez del agua para quitarle el anzuelo que se le había clavado en la boca y devolverlo al mar. Era inútil, pero el tiempo pasaba, la luz seguía, el mar siempre ahí,… ¿Estará por ahí el secreto?

El avión ha cruzado toda la isla desde Ciutadella a Maó, solo para enseñármela. Ojalá que vuelva a llenar el silencio con silencios, ojalá que en solo dos días sea capaz de encontrar Sa Calma.

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